lunes, 25 de enero de 2021

Empatía

 El narcisista es un pobre que se muestra rico y el codependiente es un rico que se siente pobre.




Empatía es la capacidad de ponernos en los zapatos del otro. Se trata de comprender las emociones, sentimientos, pensamientos y acciones que nos expresa otra persona. La verdadera empatía implica no juzgar a la otra persona, evitar llevarnos su historia a algo autorreferencial, es decir al terreno de nuestras propias vivencias; sino comprender lo que el otro está sintiendo. Empatía no se trata de identificarse ni de dar consejos o interpretaciones. 

La otra persona busca sentirse comprendida y escuchada, no busca una solución que provenga del resultado de nuestros consejos. Si la otra persona tiene interés en conocer nuestra opinión, nos lo va a preguntar y le servirán herramientas que a alguien le hayan funcionado en una situación similar a la que esté atravesando. En el caso de vernos tentados a opinar es importante preguntar: “¿te puedo dar mi opinión?” Dejando bien en claro que es nuestra humilde manera de ver las cosas desde nuestro lugar. 

La empatía es una capacidad indispensable para comunicarnos de manera asertiva.

El “trastorno por exceso de empatía” existe y puede deteriorar nuestras vidas y traernos problemas en diferentes áreas.

Imagínense trazar una línea y marcar un punto medio que signifique una empatía sana: Una empatía natural, una empatía que todos necesitamos desarrollar de manera consciente.

Hacia la derecha, alejándonos del punto medio vamos a imaginarnos el exceso de empatía: en donde el individuo termina olvidándose por completo de sí mismo, a veces de su salud, quedándose sin tiempo, dándole ayuda a quien no la merece, inclusive a quien no la necesita y aunque no se la pidan, quedando completamente desdibujado. El trabajo en terapia será acompañar a la persona a la posición del centro nuevamente para que pueda poseer una empatía sana, sin la adicción a ayudar a quienes no se lo piden ni a quienes él no desea brindar su ayuda. ¿Qué sucede a la izquierda de la línea? Si hacia la derecha, bien al extremo, representa la enfermedad por exceso de empatía; hacia el otro extremo, alejándonos del sentir una empatía natural, bien a la izquierda se encuentra la Psicopatía: aquella persona carente absolutamente de empatía que no repara en medios para conseguir satisfacer sus necesidades especiales.

En este extremo, que representa un grado 100 de falta de empatía, a medida que nos alejamos de ese punto en dirección al punto central de “empatía sana”, nos vamos a encontrar con muchísimas personas que tienen distintos niveles de déficit de empatía, un espectro de personas que son esencialmente así y otras que al menos con nosotros están siendo así. 

Recordemos que somos seres multidimensionales y un mismo sujeto puede poseer un costado muy empático y una parte totalmente carente de empatía, entre otras facetas. Entonces podríamos estar vinculándonos con alguien que puede ser una buena persona y sin embargo por incapacidad de alguna de las partes se despierta el lado psicopático que el otro posee; en donde el que carece de empatía no va poder ofrecer una relación de reciprocidad. Por eso es importante el equilibrio entre el dar y el recibir en todos los vínculos para no fabricar el que el otro nos brinde, en lugar de lo mejor de sí, su parte psicopática.

El amor sin límites es un amor abusivo. Y si no ponemos límites sanadores, a veces con roces necesarios, estaremos siendo corresponsables de que el otro nos use. Y si nos convertimos en un “objeto” es porque el otro se estará vinculando desde su lado depredador. Las personalidades narcisistas y la codependencia se encuentran a lo largo de todo este espectro y tarde o temprano despiertan a la realidad de que si uno no sabe amar, tiene o vínculos desgraciados o una profunda soledad con ausencia de vínculos. Es frecuente ver a las víctimas de los narcisistas patológicos consumidas en sus propios cuerpos y condenadas a no tener otros pensamientos más que el rumiar permanente sobre su depredador, desde que abre los ojos hasta que logra conciliar el sueño luego del insomnio, adictos al manipulador que funciona “casualmente” como un narcótico.

A veces, creemos que amamos a alguien cuando en realidad estamos siendo adictos.

Tal como venimos tratando en esta columna, el narcisista no se hace cargo de sus actos. Por eso no pide disculpas y no mide el daño que está provocando, con el plus de que se va a ocupar de hacer el trabajo de invertir los roles para poder culpabilizar siempre al otro. En grados muy patológicos, nos encontraremos con el manipulador que disfruta de la crueldad. En grados más intermedios observaremos personalidades que ni siquiera son capaces de advertir su crueldad e invertirán la culpa. 

Repasemos pues, dos características a tener presentes de estas personalidades dañinas son:

  1. El utilitarismo: las personas para ellos son meros objetos que están ahí para satisfacer sus necesidades especiales. Las usan. De modo que si las dañan no les importa. Objetos para usar y descartar. Y no les importa en absoluto ni siquiera agradecer lo recibido debido a que al haber falta de empatía hay una falta de gratitud.
  2. La personalidad narcisista es por definición manipuladora: “si el otro es un objeto, está ahí para que Yo lo use cuando lo deseo y encima es un objeto descartable”. Los manipuladores patológicos usan al otro sin que se dé cuenta y lo usan para su beneficio personal. En general no nos damos cuenta de que estamos siendo manipulados por un narcisista hasta que ya es demasiado tarde y nos vemos metidos en medio de un laberinto. 
  3. Y sabemos que de un laberinto se sale por arriba.

    Estemos atentos a cuando somos usados y manipulados para no alimentar la dimensión depredadora del otro con excesos de empatía y amabilidad ya que la paciencia se debería terminar cuando comienzan los abusos.

     “El manipulador patológico no se hace cargo y el empático patológico lo justifica”. (Virginia Gawl)

viernes, 1 de enero de 2021

El Triángulo Dramático ¿Por qué algunos vínculos se tornan tensos, conflictivos, distantes o superficiales; generando sensación de vacío y soledad?

 


El Triángulo Dramático de Karpman explica cómo nuestros conflictos en lo que refiere a relaciones interpersonales son el resultado de procesos inconscientes que nos llevan a adoptar los roles de “el perseguidor”, “el salvador” y “la víctima”. Un individuo puede pasar de un rol a otro, este estilo comunicacional refuerza la dependencia y los lazos simbióticos entre los participantes del triángulo, impidiendo así el desarrollo de una autonomía e interdependencia basada en el respeto a las necesidades de todos los participantes en la comunicación. Por ello decimos que

“el triángulo dramático” constituye una dinámica de comunicación interpersonal disfuncional y destructiva.

En la columna de hoy te contamos cómo son los roles que conforman este triángulo. 

El perseguidor: agrede con autoridad desmedida, prejuzgando las acciones y sentimientos de los demás. Los perseguidores suelen ser acosadores. El perseguidor experimenta rabia contenida, desprecio y un deseo de causar daño. Induce a que los otros sientan miedo y evita mostrar sus auténticas emociones por lo que no logra relaciones en donde haya una verdadera intimidad.

El Salvador: Este rol se desarrolla con la sobreprotección, impidiendo que los demás resuelvan sus problemas; deteniendo así su desarrollo y crecimiento. Salvar, es ofrecer una ayuda que no es saludable ni oportuna; pero se ofrece para mantener la autoimagen de bondad. Es muy saludable preocuparse por un ser querido, no así el hacerse cargo de todos sus conflictos ya que el mensaje inconsciente que enviamos es “tu no puedes”, “no tienes la capacidad para resolver ningún problema”. El salvador transmite de manera no verbal un mensaje parecido a este: “Estando yo aquí no tienes que preocuparte de nada, yo lo haré por ti”. Los salvadores suelen hacer algo que no quieren hacer, o bien hacen más de lo que les corresponde. 

Resulta difícil detectar al salvador porque su actuar aparenta ser una ayuda genuina y desinteresada; pero se le podrá identificar porque el salvador acabará persiguiendo al “salvado”. El salvador genera culpa o soborno y se preocupa en exceso por los demás.

La Víctima: Este rol se desarrolla como consecuencia del desempeño del perseguidor o salvador de manera que la víctima se comporta con temor o se siente desvalorizada o reacciona con agresividad. La víctima, transmite un mensaje no verbal del tipo: “pobre de mí”. 

La persona que juega este rol se ve a sí misma sufriendo o padeciendo una situación. Y se siente desdichada.

 

¿Cómo utilizan este triángulo los narcisistas patológicos?

Los perversos narcisistas conocen a la perfección el funcionamiento neurótico. A estos manipuladores les encantan los triángulos y harán todo tipo de maniobras para invitar a sus candidatos a “víctimas” para que entren en esta dinámica:

Retomemos los 3 roles que explicamos arriba:

Un Narcisista patológico va a invitar a su partenaire a habitar el rol de la víctima que se sentirá “pobrecito yo” debido al acoso, al abuso narcisista, al bullying. Los sentimientos predominantes serán los de sentirse abandonados, desamparados, oprimidos, dejados de lado y atacados. Pero lo sorprendente es cuando el narcisista juega este rol. 

Es extremadamente habitual que el manipulador realice el juego de la piedad , mostrándose como la víctima de su víctima y evadiendo así cualquier responsabilidad sobre sus actos. Utilizando el beneficio secundario de esta posición que implica la reclusión de los monos voladores, que serán aquellas personas que le compren la falsa versión de los hechos y que estén dispuestas a asumir el rol de rescatadores de la “falsa víctima”. Perseguidores de la víctima real.

Con respecto al rol del perseguidor: durante el ciclo del abuso narcisista, quien encarna este rol es el manipulador patológico mediante el acoso y los ataques permanentes. Lo hace culpando, avergonzando, devaluando, sometiendo y chantajeando emocionalmente a su víctima. Conseguirá que juegue el rol de perseguidor, debido a los celos que le provoca con la triangulación,  haciendo que esta le revise el celular, mails, etc.

No olvidemos que la víctima viene del rol de rescatador, o pasará en algún momento por este,  posición clásica encarnada por los codependientes que de manera inconsciente piensan que tienen el poder de reparar, sanar y rescatar a todos los seres que se cruzan en su camino. En esta posición asumirá todas las responsabilidades y se hará cargo de cosas que no le corresponden.

Con esta dinámica los perversos narcisistas se aseguran una potente fuente de combustible.

El triángulo se termina cuando cuando una persona decide salirse y romper con este patrón de comportamiento aprendiendo a poner límites, con trabajo personal y de autoconocimiento.

Ecoísmo y PAS Cuando preguntan quiénes son las víctimas de los psicópatas integrados y narcisistas malignos, se empiezan a escuchar diferentes teorías.

 



Muchos expertos sin dudar, contestan “los codependientes”. Si bien es cierto que todas las víctimas son codependientes, un porcentaje no lo eran previo a la relación. Es decir que podríamos tomar la codependencia como una secuela del abuso.

Otras teorías hablan de las personas P.A.S. (Personas Altamente Sensibles) que se caracterizan por tener, entre otras, una empatía mayor que la media, mucha conexión con los seres sufrientes, un sistema nervioso hipersensible, alta creatividad e intuición.

Les compartimos una encuesta para ver si eres una persona altamente sensible:


https://www.personasaltamentesensibles.com/test-de-sensibilidad/


Por otro lado nuevos enfoques terapéuticos ayudan a quienes se ponen siempre en segundo plano y son presa de abusadores.

El Dr. Craig Malkin acuñó el término Ecoísta, debido al estudio profundo que hizo sobre el mito de Narciso donde prestó especial atención al comportamiento de la Ninfa Eco.

Según este profesional, reconocido Psicólogo y profesor de la Escuela de Medicina Harvard, un ecoísta tiene miedo de sobresalir y siente que merecen menos. Se percibe como menos importante que el resto. 

Estos individuos destellan la mayor modestia y hacen gala de un buen corazón. Al decir de Craig “en su versión extrema lidian con una baja autoestima”.

Merced a esta autoestima devaluada no sienten que merecen atención ni cariño y tienen dificultad para reconocer sus propios logros y habilidades. Tampoco escuchan su propia voz, necesidades y sus sentimientos dentro y fuera de una relación. 

Como ya comentamos en columnas anteriores, responden al perfil de personas que no piden ayuda porque sienten que si lo hacen serán una molestia”.


El ecoísmo no es un trastorno; sino un conjunto de características que según las investigaciones de Craig, se da en hombres y mujeres por igual. Él elaboró una escala –Narcissism Spectrum Scale (Escala del Espectro Narcisista) que evalúa en 20 ítems cuán cerca se encuentra una persona del narcisismo o de su contraparte, el “ecoísmo”.

Lo cierto es que todavía no existe un estudio sistemático constante y científicamente reconocido como para darle categoría diagnóstica tanto al Ecoísmo como al PAS.

Por ahora, cómo dice el Lic. Jorge Garaventa: “Son teorías de relatos de agrupamientos sintomáticos hechas por determinados autores. En realidad, efectivamente existen personas que son altamente sensibles; pero no es porque tengan algún tipo de conformación de la personalidad o de armado neurológico particular sino que se trata de una construcción vital. En general, eso que se describe como una “alta sensibilidad”’ suelen ser resabios de distintos grados de traumatizaciones, es decir huellas de situaciones vividas.

Es importante entender que en una sociedad como la actual, independientemente del contexto que nos toca atravesar, las personas altamente sensibles tienen un nivel de sufrimiento mucho más elevado que el resto”.

Cualquiera puede ser víctima de un manipulador patológico ya que todos tenemos vulnerabilidades y ellos son expertos en entrar por esas grietas.


Si bien hay personas que tienen más vulnerabilidades que otras, cuando un psicópata elige a su víctima hay que huir, correr bien lejos.




sábado, 19 de diciembre de 2020

CELOS: 2 caras de una moneda

 En la columna de hoy vamos a contarles que ocurre cuando la víctima de un narcisista siente celos. Y cómo son los celos de un manipulador patológico.




Sabemos que los celos son una respuesta emocional universal y surgen ante la amenaza de perder algo que se considera propio.

Es normal que alguien tenga temor si piensa que puede perder un espacio en el cual sentía amor y felicidad. Todos hemos sentido y sentiremos celos en determinadas circunstancias y eso es normal. También es importante aclarar el mito de que “los celos son la medida del amor”, “me cela Porque me ama”. Esto no es así. 

Dentro del abanico de celos vamos a encontrar un espectro que va desde los celos normales hasta los celos patológicos. En un vínculo con un manipulador se desplegarán los celos de mayor rango patológico. Si vives con la angustia de la sospecha, esa es una alarma de tu cuerpo que te está avisando que algo no está bien y es importante trabajar en ello.

A veces hay relaciones que invitan a los celos: Alguien que se comporta de manera ambigua, con histeriqueos perceptibles o imperceptibles con terceras personas, invita al “partenaire” a que esté todo el tiempo atento e hiper vigilante; generando una tensión en el ambiente que hace que la víctima no se pueda relajar en ningún lugar de la relación.

De a poco ambos miembros del vínculo se van convirtiendo en hackers, espías o detectives. Comienzan a chequear los celulares del otro e intentan procurar un control cada vez mayor. En general, la víctima comienza a sentir que nada de lo que hace alcanza para que el otro sienta el amor que se le tiene. Empieza a sentir miedo de sus propias acciones porque “el otro se va a enojar”. El psicópata sabe que con su control excesivo (por ej. “mándame una foto de lo lindo que la estás pasando con tus amigos”) acorrala a su pareja. Entonces esta, muy temerosa, comienza a omitir información y decir mentiras piadosas por temor a la reacción del narcisista. Lo q no sospecha la víctima es que el psicópata sabe que su presa ahora está llena de culpa y remordimiento, que se siente en falta y desde ahí la va a manipular para devaluarla y castigarla “in aeternum”.

El que es celado se empieza a retraer en sí mismo, se aísla, se desconecta y vuelve a sentir que nada alcanza. Nada es suficiente para que su ser querido esté en paz.

Si estás leyendo esta columna te pedimos encarecidamente que “no mientas”, ya que es una trampa. Deja de justificarte por que todo lo que digas será usado en tu contra.

Por otro lado los narcisistas patológicos van a utilizar todos los recursos disponibles (y hoy en día con las redes sociales abundan) para desplegar la “triangulación”. Así sentirán que tienen poder sobre su víctima.

Y una vez que la presa muestra sus celos, le da el centro para el gol: ahí comienzan las humillaciones de la fase de devaluación y los narcisistas proyectan todo tipo de emociones penosas. Le dirán a la víctima que tiene celos patológicos, que está enferma y que necesita ayuda psiquiátrica.

Estas escenas fueron creadas por ellos apropósito para poder atacar y devaluar, confundiendo a su víctima y llenándola de culpa.

Y, por sobre todo, muchísima angustia.

martes, 8 de diciembre de 2020

ENVIDIA NARCISISTA

 



Cuenta la leyenda, que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía rápido de la feroz depredadora; pero la serpiente no pensaba desistir. Huyó un día y otro, y el reptil no desistía. Al tercer día, la Luciérnaga paró y fingiéndose exhausta dijo a la serpiente:

– Espera, me rindo; pero antes de atraparme permíteme hacerte unas preguntas.
– No acostumbro a responder preguntas de nadie, pero como te pienso devorar, puedes hacerlo.
– ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
– No.
– ¿Te hice algún mal?
– No.
– Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?
– Porque no soporto verte brillar.
El psiquiatra y psicoanalista Otto Kernberg diferencia al Narcisismo del Narcisismo maligno. A este segundo lo define de la siguiente manera: “Es un tipo especial y grave de Narcisismo caracterizado por:
● Tendencias antisociales más pronunciadas con presencia de actos de crueldad escalofriantes y violencia con ausencia de culpa ante las conductas destructivas que es capaz de desplegar.
● Tendencias “borderline” de gravedad extrema, que se manifiestan con irascibilidad, impulsividad, mitomanía, baja tolerancia a la frustración, incapacidad de aplazar la gratificación, sentimientos de vacío y pensamientos crónicos de suicidio.
● Comportamiento altamente sádico y rasgos paranoides marcados, con mecanismos de defensa proyectivos (porque te va a decir que sos un envidioso cuando el que siente envidia es el), desconfianza, suspicacia y sensitividad.
● Ausencia de conciencia, culpa y autocrítica respecto a su conducta. Siendo a veces intensamente agresivos y con tendencia a la ofensa si se les lleva la contraria, desencadenando la ira narcisista.
● Presencia de vínculos inestables, sin soportar otra perspectiva de la realidad, sólo la propia. Siendo ésta la que rige toda su existencia.”
 
Kernberg dice que los narcisistas patológicos tienen un sentimiento de superioridad exagerado que proviene de una condensación mental entre cómo son en realidad, cómo les gustaría ser (ideal del yo) y la integración a su auto percepción como mejores que el resto (a quienes recordemos, ven como simples objetos para satisfacer sus necesidades) Como una combinación de la representación real con la idealizada de sí mismos más la de aspectos idealizados de otros a quienes han admirado (aunque sea temporalmente). Y esa estructura se manifiesta en estas características de personalidad y en el estar centrado excesivamente en sí mismo.
Otto Kernberg destaca que los narcisistas sufren de una conducta envidiosa y de devaluación de los demás. Afirma que sufren de envidia profunda tanto consciente como inconsciente.
La envidia es una emoción universal que todos hemos sentido en algún momento bajo ciertas condiciones. Pero para estos seres este sentimiento ha tomado un carácter exagerado consciente e inconsciente y su comportamiento de devaluar a los demás tiene por objetivo protegerse justamente de la envidia.
Desprecian para no sentir que tienen que envidiar.
Para estos manipuladores, la envidia es como un acompañante casi permanente y constante. Ej: Van al trabajo y están siempre atentos y observando lo que pueden hacer los demás y lo que hace cualquier persona mejor que ellos, esto les crea un sentimiento penoso.
En su vida social hablan con “amistades” y cualquier cosa que tiene la otra persona, lo que hace, lo q no hace, los llena de una envidia profunda; los envenena. Y su vida cotidiana está teñida de envidia. Esto interfiere en el aprendizaje debido a que están tan preocupados de que otro sepa más y conozca más y comprenda más, que no pueden concentrarse en nada más que perfeccionarse para ser el mejor manipulador.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Entrevista en la radio sobre la venganza

 

http://www.nuevodiarioweb.com.ar/noticias/2020/12/01/274916-lic-andrea-indij--la-venganza

VENGANZA




 ¿Ojo por ojo, diente por diente?

Entender que sufriste una estafa emocional en la fase del “bombardeo amoroso”, saber que no sos el ser devaluado con el gaslighting, la triangulación, la ley del hielo, el reforzamiento intermitente, la difamación y el aislamiento; la comunicación sucia que te llevó a la disonancia cognitiva.

En muchos casos hubo agresiones físicas, en otros el abuso alcanzó tus finanzas. Frente a tanta maldad ahora conoces el odio y te sientes fuera del mundo. Te sacó del mundo porque desde que abres los ojos a la mañana hasta que logras conciliar el sueño de madrugada lo único que haces es repasar cada escena transcurrida sin dar crédito de que pueda ser cierto. Te preguntas una y mil veces: ¿es posible que sea un psicópata? ¿Es posible que esto tan tremendo me esté sucediendo a mí realmente?.

Y un día tocas fondo y ves al verdadero ser que habita tras la máscara, te cansas de preguntarte “qué calidad de vida puedo tener esperando en este infierno esos momentos maravillosos que te regala cuando se le antoja?”. Y descubres que el problema no es que tenga una enfermedad muy triste que te llevaba a la adicción a la ilusión de que un día todo se iba a acomodar y juntos lograrían un equilibrio.

Cuando todo se derrumba conoces el deseo de venganza. Sientes que tiene que existir una justicia divina y piensas “el que las hace las paga”. Entonces tu mente repasa una y otra vez las palabras que le dirás cuando lo veas, los gestos, las acciones. Puedes pasar horas rumeando el sabor de la venganza: “Lo voy a confrontar y le diré todo en la cara”.

¿Y qué crees que sucederá? Te lo decimos:

1. Negará todo: Será su oportunidad de oro para desplegar el DARVO. Te acusará a ti de ser el narcisista, y cuando intentes defenderte sin duda perderás el control.

Punto para el depredador.

2. ¿Ya le reclamaste todo el daño que te ha hecho? El resultado será idéntico al Punto 1. ¿Con qué tupé le echas algo en cara? Recuerda que los narcisistas patológicos se sienten con derecho a hacer lo que les place. Tú, eres solo una cosa que existe para satisfacer sus necesidades especiales. Eres su fuente de combustible. Una vez más se deleitará en su victoria al verte destruido.

2 puntos para el psicópata.

3. Piensas exponerlo públicamente. Que todo el mundo sepa el monstruo que es. Lo vacío que está, el ser maligno que te dejó en agonía.

Aquí sucederá lo más duro y triste de toda esta historia: comprobarás atónito que el psicópata encubierto estuvo trabajando en el entorno: dañó tu imagen, tu credibilidad estará mermada delante de terceros y encima te verás en la tesitura de tener que dar explicaciones y demostrarle tu inocencia a gente que no entiende nada de este tipo de violencia invisible. Te van a juzgar y te van a atacar.


Pero existe la verdadera venganza. La única venganza posible.

Tu venganza será la recuperación. Tú recuperación.

Estudiando el idioma narcisista, 

Estableciendo un contacto cero, 

Conquistando tu vida, 

Levantando las paredes de tu casa, 

Eligiendo un entorno sano, 

Aprendiendo a poner límites sanadores, 

Recuperando tu equilibrio emocional, 

Conociendo el camino de la paz y la armonía.

Recuperándote de las secuelas, 

Saliendo del trauma. 


Recordando que eres una persona llena de dignidad, con valores y talentos.