domingo, 21 de febrero de 2021

Una solución Espiritual. Cuando hablamos de un vínculo con un Narcisista patológico, no hay paridad. No hay pareja.



 Lo que sí hay es un vínculo tóxico del cual hay que salir para poder sanar. Decir “lo amo mucho”, “nos amamos”, constituye una visión cosmética del vínculo, en donde hay un maltrato de base.






Lleva mucho tiempo acompañar a una víctima de abuso para que entienda que no fue abusada, porque no tenía una buena autoestima. Por amar demasiado, por ser codependiente o por falta de amor propio. La víctima, fue abusada porque una persona abusiva quiso aprovecharse de ella. La única verdad científica es que el damnificado es inocente del engaño, de la manipulación y del mal que otro individuo le hizo. Nada hay que justifique la destrucción y el atropello en manos de un psicópata integrado.

A nadie se le ocurriría preguntarle a una persona que fue sorprendida por un motochorro qué tuvo que ver en eso que le pasó cuando lo arrastraron varias cuadras porque no se le desprendía la mochila que colgaba de su espalda.

Una vez que la víctima acepta su inocencia y que el abuso y el maltrato no fueron su culpa; sino del abusador, recién ahí podrá trabajar de manera adecuada en su autoconocimiento y aceptación.

Poder reconocer nuestras vulnerabilidades nos hace más fuertes y menos manipulables.

Siempre tendremos grietas por donde seremos permeables a que un manipulador entre. Pero al reconocer nuestros miedos más profundos y nuestros deseos más atesorados, seremos mucho más fuertes en visibilizar nuestros límites y aprender a decir que NO cuando alguien avance sobre ellos.

No vinimos al mundo para complacer a los demás.

En ese momento en donde se es “eso que el otro quiere”, nos olvidamos de nosotros como sujetos. Nos olvidamos de lo que nosotros queremos y del autocuidado. Nos convencemos de que somos complacientes porque esa fue nuestra voluntad, cuando no fue así. Porque lo hacemos para “que nos elijan”, para que “se queden con nosotros”. Entonces por un instante volvemos a ser esos niños que lo único que deseaban era ser amados y aceptados ante la mirada de sus padres; muchas veces haciendo lo que sea para ser obedientes y cumplir con el reglamento de un hogar rígido en donde no había límites; sino un estatuto que si se cumplía seríamos aceptados, de lo contrario seríamos los raros… el chivo expiatorio.

En la edad adulta, esto se reedita cuando la persona va moviendo sus límites, aceptando cualquier cosa para complacer a los demás. A eso le llamamos “contentar a los padres”. Queriendo ser lo que el otro quiere, completando al otro.

Recordemos que vinimos a este mundo para hacer algo único. Lo que sea; pero de manera amorosa y sagrada.

Si podemos concebirnos de este modo, entonces nuestras acciones tendrán importancia y entenderemos que no es lo mismo pasarla bien que pasarla mal. No es lo mismo quejarnos de nuestra desgracia que preguntarnos: “¿Para qué me puede estar ocurriendo esto?”.

Este punto de vista puede modificar sustancialmente nuestra calidad de vida.

Podemos darle un sentido a nuestra esencia y alimentarla para que se luzca en lugar de seguir errantes por la vida sin ver cuáles son nuestros límites, y luego que otros puedan avanzar sobre ellos porque pensamos: “Total: ¿ quién soy yo?”

En la medida en que sigamos pensando que no somos suficiente. Que no somos lo suficientemente buenos, estaremos esperando que otro, más “inteligente, bueno, autosuficiente, poderoso o valioso” nos venga a salvar.

Por eso el trabajo implica el poder ser más amorosos con nosotros para decirnos ante nuestros errores: “te equivocas como todos y ya.” “No busques un salvador a quien seguir”. “Busca qué hay allí, en eso que te está sucediendo.”

Hay tres pilares para poder acceder adentro de uno y hacer este trabajo de recuperación:

1-Paciencia

2-Confianza en el plan de la vida

3-La certeza de que todo ocurre para bien.

“Hay que morir a la vida que traíamos para poder abrirnos a la vida que nos espera” escuché decir a la Lic. Inés Olivero.

Cuando la persona logra trabajar a fondo en su autoestima, hay situaciones que se resuelven naturalmente. Pero mientras no haya una base sólida, la fantasía de lo imposible, de lo deseado, de lo esperado socialmente, nos tortura.

Y la verdad es que de lo único que hay que ocuparse es de amarse en cada detalle de cada día de nuestra vida. Y amarnos de la manera más sencilla y cálida posible.

Somos seres sagrados. Lo somos aunque nadie nos enseñó que lo éramos.

Empezar a trabajar en nosotros mismos eludiendo el fantasma de la minusvalía, el sentimiento de inadecuación el sentirnos diferentes ante la importancia que los demás nos puedan dar o que nosotros les otorgamos. Comenzar a trabajar con nuestra autoestima, con el respeto por la vida y los talentos que cada uno tiene es el camino de la recuperación.

La trampa es la ilusión. Desilusionarse es un paso importante porque la ilusión es falsa. La realidad es mucho más simple y tranquila que el fuego interno que quiere desbordarse en una experiencia con un psicópata adaptado. Es la ilusión de pretender hacer el amor en la boca del volcán en lugar de estar más tranquilo.

No hablamos de sanación debido a que la huella que nos enfermó es mucho más poderosa que la que vamos trazando día a día. Aunque estando en estado de alerta constante, podremos lograr una vida mucho más satisfactoria. Pero este, es un tema que trataremos mucho más adelante.


martes, 9 de febrero de 2021

Desigualdad. En el libro “El buen amor en la pareja” de Joan Garriga nos encontramos con el capítulo “Las cinco condiciones para el bienestar en la pareja” en donde relata el sufrimiento que genera empecinarse en amores imposibles.





 Lo tremendo es tener la ilusión de que el otro algún día cambiará y por fin se ajustará a lo que deseamos. 

Hay condiciones que facilitan o dificultan las relaciones. Garriga explica los cinco criterios que aprendió de Swami Prajnanpad para que una pareja logre la armonía y sus asuntos sean alegres y serenos:

La primera condición es QUE SEA FÁCIL. Que fluya sin demasiado esfuerzo. Que no tengamos que malgastar grandes cantidades de energía en emociones y no se nos obligue a luchar contra estas. Que no se creen dramas y tragedias y se logre el bienestar. Todo se devuelve con naturalidad y las cosas resultan gráciles. Propone juntarnos con personas cuyo estilo afectivo encaje bien con el nuestro.

La segunda condición de Prajnanpad es que se trate de dos naturalezas no demasiado incompatibles, no demasiado diferentes. Que la comprensión del otro no esté más allá de nuestras capacidades. A menudo la fascinación amorosa ignora con soberbia la incompatibilidad de dos naturalezas. 

Aquí lo importante es ser capaces de comprender y respetar el mundo del otro tanto como el propio.

La tercera condición es que los miembros de la pareja sean verdaderos compañeros, que se sientan como tales, acompañados ya que el otro es también un amigo. Que puedan compartir sus peculiaridades, gustos, intereses, diferencias, complicidades. Que haya comprensión entre ambas partes.

La cuarta condición es tener fe y confianza plena en el otro. Que no sea necesario temer, desconfiar o protegerse para poder reencontrar un corazón inocente. Que el otro nos inspire una completa confianza sobre la que se pueda cimentar un amor duradero y susceptible de crecimiento. Que tengamos la convicción de que el otro no nos va a dañar.

La quinta y última de las condiciones es el deseo espontáneo de que el otro esté bien. 

El deseo de que esté bien por encima de nuestros miedos o carencias. Se trata de encontrar la propia felicidad con la plenitud del otro. 

Las parejas que cumplen algunas de estas condiciones la pasan mejor que las que no lo hacen.  Otro ingrediente para agregar a los cincos anteriores es el equilibrio en el dar y el tomar. 

Aquí comienzan los problemas con quienes poseen un trastorno narcisista de la personalidad. Seres expertos en crear asimetría en sus relaciones en donde sutilmente generan una deuda que el otro la aceptará sin cuestionamientos y la vivirá con mucha incomodidad. Se sentirá pequeño y dependiente mientras que el narcisista se sentirá superior, grande y con derechos.

Los narcisistas patológicos van a vincularse con exceso de desigualdad en cualquier área de su vida.  

Esta desigualdad los posicionará en un lugar de superioridad que dará despliegue a la desvalorización y el menosprecio de lo que haga su compañero. De manera sutil irá traspasando los límites del otro con comentarios sutiles de desprecio hacia las actividades e intereses que el partenaire va a compartirle.

Un ejemplo de desigualdad se podría ver en una relación de pareja cuando se establece un acuerdo en la distribución de los roles (atravesados por el patriarcado). Si el narcisista tiene habilidades para generar recursos económicos, materiales y territoriales, le hará saber a su víctima que “lo suyo es suyo y lo de los demás…también lo es.” Descalificando los roles de crianza y las tareas domésticas, generando desorientación en la víctima (que cumpliendo su parte de lo acordado se sentirá perdida al no contar con la libertad de disponer de lo que el narcisista tenía que proporcionar a la sociedad conyugal). Con este modo de vincularse vivirá situaciones de mucha perversión, sometimiento y opresión.

No será posible establecer un lazo de reciprocidad y el narcisista irá monopolizando el poder. Cualquier interés de la víctima puede servir para que el psicópata muestre su disgusto con indiferencia, enojo y castigo. Esta desigualdad que va creciendo con el paso del tiempo es la razón por la cual las cosas con ellos nunca podrán ser simples y sencillas.

Las relaciones saludables no deberían ser complicadas. Las personas emocionalmente equilibradas no se dedican a generar discordia, caos y complicaciones sólo por deporte. 

Muchas de esas relaciones a las que denominamos “complicadas” son en realidad vínculos con algún narcisista patológico en donde uno trata mal al otro mientras que ese otro hace intentos desesperados porque algo cambie, porque su pareja muestre su amor, respeto y consideración.

Los psicópatas integrados más encubiertos saben qué botones apretar para jalar los hilos emocionales y cuando su víctima reacciona y pone un límite, dirán que la complicada es ella. Recordemos que cuando un narcisista es pasivo-agresivo, la víctima puede actuar la violencia del otro quedando expuesta y sus reacciones le servirán al verdugo para manipularla y “demostrarle” quién está desequilibrado.

Nuestros vínculos nos definen, hablan de nosotros. Para construir una pareja no hay recetas, lo que sabemos es que no tenemos tanto tiempo para perder viviendo en el Infierno al que invitan los psicópatas encubiertos. Es hora de aprender a sentirnos mejor...ya sea acompañados o solos.


jueves, 4 de febrero de 2021

Nueve Mitos. Los Psicópatas Integrados y los Narcisistas Encubiertos coinciden en su capacidad de camuflarse cual camaleones entre el común de la gente.



Lo hacen porque desde una edad precoz notan que hay algo muy diferente en su forma de ser, razón por la cual comienzan a estudiar el comportamiento de esos otros tan distintos a ellos. Analizan la lógica, los movimientos, las emociones, sus expresiones, forma de vestir, características físicas y ponen especial atención en la gestualidad que más adelante querrán copiar. 

Los seres humanos empáticos no logran comprender la lógica del psicópata ni sus necesidades especiales. Solo a través de las víctimas es posible observar el daño que provocan y cómo cada aprendizaje que adquieren los ayuda a tener herramientas para manipular y seducir mejor a quién se proponen.

 

Hay muchos mitos sobre los psicópatas integrados y otros tantos axiomas y preguntas frecuentes sobre los cuales vale la pena realizar algunas aclaraciones.

 

  1. ¿El psicópata sabe que es psicópata?

Algunos saben, otros no; les da igual. Ellos no tienen ningún impedimento en saber que son diferentes; pero no tienen interés en definir sus características de personalidad ni en analizar sus conductas y mucho menos en hacer un examen de conciencia sobre el daño que causan a sus víctimas.

Saben que hacen daño y no les interesa. Algunos narcisistas de un espectro menos dañino puede ser que no tengan la capacidad de registrar el dolo que provocan debido a la falta de empatía. Vale la pena recordar que no sienten culpa ni remordimiento y obviamente carecen de empatía.

 2. ¿Un psicópata ataca a otro psicópata?

Si bien es cierto que muchas veces se asocian y unen entre ellos para un fin común. Puede ser con fines sociales, para incrementar sus finanzas, por conveniencia, por política, por lo que sea. Saben que no les conviene atacar a alguien que les resulta amenazante por algún motivo. Prefieren evitar una confrontación con alguien que les despierta algún tipo de “respeto”; pero cuando hay que depredar, en algún momento se empezarán a pelear entre ellos. A veces puede ser posterior a muchos años de relación y en ese momento se verá quién es el más fuerte.

Es falso el mito de que “los psicópatas no comen carne de su carne”

3. ¿Todos Los psicópatas son criminales?

Ciertamente es falso. De hecho, en esta columna nos referimos solamente a los Psicópatas Integrados, que difícilmente lleguen a delinquir al nivel de caer en prisión. Ellos juegan con los límites de la ley, se burlan de la justicia; pero saben cuáles son los baches constitucionales, usándolos a su favor. 

La característica diferencial del psicópata criminalestá en sus necesidades que pueden ser desde matar, violar, descuartizar hasta el canibalismo; todas contempladas por la ley, que constituyen un delito y están penalizadas. 

Las necesidades del psicópata integrado tienen que ver con dominar, abusar, maltratar, intimidar, engañar, parasitar, disfrutar del sufrimiento de sus víctimas y aniquilar la personalidad de los otros. 

Todo esto se mantiene en el terreno tácito del código de convivencia que establece la cultura a través de la socialización.

4. ¿Un psicópata no siente emociones? Los psicópatas no sienten empatía, no tienen culpa ni remordimiento. Pero aman la adrenalina. Sienten euforia. Tienen la fábrica de la envidia, la ira y el odio.

 5. ¿Todos Los psicópatas son extremadamente inteligentes?

Algunos son extremadamente inteligentes, otros no poseen ese don.

 6. ¿Todos los psicópatas son hombres?

La mayoría de los estudios sobre psicopatía se han hecho en las cárceles de hombres. A los psicópatas integrados es muy difícil detectarlos y cuesta hacer investigaciones científicas sobre estas personalidades tan dañinas; pero las hay. Y reflejan que hay muchísimas mujeres psicópatas. 

Son tremendamente difíciles de identificar y la devastación que causan en sus víctimas es irreparable. 

7. ¿Los Psicópatas no pisan el consultorio de un profesional de la salud mental?

Si bien es cierto que sus características son egosintónicas, es decir que no sienten malestar o incomodidad por su forma de enfrentarse a una determinada situación o problema. 

No solo no sienten que tienen algo a reparar; sino que la mayoría están orgullosos de ser así. Para ellos el Problema lo tienen los otros a quienes ven como cosas, Inferiores, utilitarias. 

Pero sí, van al consultorio; para aprender a manipular mejor.

Lo hacen para demostrarse que pueden engañar a los profesionales. Para probar si serán identificados en algún psicotécnico que tengan que pasar. Lo hacen para engañar en la corte, para obtener alto combustible en terapia de pareja denigrando a sus víctimas, victimizandose ellos y gozando de la desorientación del profesional tratante. También pueden acudir por otro trastorno que los aqueje. Por ejemplo, un cuadro depresivo reactivo y en muy raras ocasiones angustia.

 8. ¿Los psicópatas son locos?

No son ni locos ni enfermos. Al definirlos como locos y enfermos, la justicia los favorece. El peligro de pensar que tienen una enfermedad radica en la falsa ilusión de que pueda existir algún tratamiento y lo cierto es que no existe ningún tratamiento para esta manera de ser en la vida.

9. ¿El psicópata nace o se hace?

El psicópata nace, el sociópata se hace.

La amígdala del cerebro de los individuos con psicopatía se presenta de menor tamaño que en el resto de la gente y se sabe que está involucrada en los procesos de socialización. Esta reducción hace que no pueda llegar a empatizar ni a identificarse con los sentimientos negativos de otras personas. Dentro de todo el espectro de trastornos por falta de empatía y luego de años de investigación la ciencia actual sostiene que estos trastornos se desarrollan por una interacción de factores genéticos, neurobiológicos, socioculturales y de aprendizaje conductual. Desde la mirada psicoanalítica, los excesos de estos individuos se deben a la falta de la inscripción del nombre del padre. La “ley del padre” se tiene que inscribir en un individuo para que respete los límites de los demás. Sin “inscripción del nombre del padre” no hay ley.

Sin ley hay excesos.

 

En los últimos años es notable cómo aumentó el caudal de damnificados. Probablemente se debe a que los psicópatas son más efectivos y se cansan más rápido de sus víctimas o que estas detectan la manipulación por la devastación intensiva que sufren. O que los psicópatas aumentaron en número en una sociedad en la cual los valores que se fomentan son muy similares a las características de los narcisistas y se naturalizan acontecimientos que antes eran inaceptables socialmente. Por suerte cada vez tenemos más información sobre este tema. Crece la casuística; pero también crecen los recursos para salir de las garras de estos depredadores.


martes, 26 de enero de 2021

LA CULPA. La diferencia entre la culpa y el sentimiento de culpa es que la segunda es un sentimiento neurótico que nos acompaña desde que nacemos y funcionamos de manera inconsciente pensando que “si me siento culpable no soy tan malo”.




 La culpa como sustantivo es la consecuencia de la acción de sobrepasar el límite real o simbólico de otra persona (o cuando hacemos un daño por cruzar dicho límite).

Es decir que su naturaleza es causal, no viene sola.
Podemos pensar que en todo proceso de socialización hay cierto grado de manipulación. Sin embargo, no tiene nada que ver la manipulación que aporta herramientas para poder adaptarnos a la cultura en la que estamos insertos con la que coarta la libertad del individuo arrebatándole los medios que tiene para adaptarse.
Es de esta última a la cual nos vamos a referir. Veremos cómo el manipulador patológico utiliza el sentimiento de culpa para someter a su presa.
El objetivo de este artículo es que podamos reconocer este mecanismo, que aprendamos de qué manera nos puede hacer sentir culpables y lo más importante: que podamos liberarnos de estos entramados.
El narcisista patológico lentamente y de manera sutil irá generando un vínculo de desigualdad. Va a ir generando una deuda y comenzará a tener poder por sobre su presa. Así comienza el chantaje emocional. Sumado a que se irá forjando el “vínculo traumático de traición” en donde la persona irá convirtiéndose en víctima debido a la indefensión aprendida: haga lo que haga siempre recibirá un castigo. Esto aniquilará su autoestima teniendo que confiar plenamente en el criterio de otra persona ya que siente que cualquiera de sus conductas podría causar daño. Y a estas alturas ya no desea más conflictos. Este proceso sucede sin que el sujeto en cuestión (el manipulado) sea agredido de una manera obvia. Es más, en todas las situaciones siempre parece que él es el agresor. Y es aquí en donde el manipulador acciona el DARVO ( que recordemos, es dar vuelta los roles de víctima y ofensor, tal como desarrollamos en otro artículo) “tú eres mi agresor y yo soy tu víctima, porque me has hecho daño sin que yo te lo haya hecho a vos y me debes una retribución por ello.” El manipulador logra que sea imposible el diálogo y mucho menos reclamarle algo o pedirle que revise lo que lastimó a un otro.
El perverso narcisista encubierto, un ser envidioso por excelencia, no culpa a su víctima por lo que hace sino por lo que es. Le adosa la culpa como identidad. Y eso es una ordalía ya que ¿cómo va alguien a remedarse por lo que es?.
Con la culpa, el manipulador consigue que la víctima quede paralizada, limitada. Que no pueda avanzar y quede necesitada de aprobación. La vuelve dependiente.
Además el narcisista puede negar la existencia de la culpa desplazándola a los demás y utilizándola como arma. Justificando que el sentimiento negativo que tiene es por causa del ataque de otra persona: “Me siento mal porque el otro ha hecho que me sienta mal y por lo tanto pretendo que me pida perdón por todo el daño que me ha causado.”
Y así volvemos a la premisa del manipulador de “tú eres mi agresor y yo tu víctima porque me has hecho daño sin que yo te haya hecho nada a vos y por ello me debes una retribución.” El manipulador
1-Señala lo que lo daña y ofende.
2-Crea una deuda con la culpabilidad.
3-Extiende hasta el infinito esa deuda 
4-Cronifica la culpa cambiando los roles de víctima y agresor.
Sumado a la difamación y aislamiento que hará de la víctima para monopolizar todo el control. Repitiendo todo una y mil veces hasta hacerlo realidad.
“Miente, miente que algo quedará” decía el jerarca nazi Himmler.
¿Cómo salir de este espiral ascendente?
Lo primero es asumir que no tenemos ninguna deuda con el manipulador. Esa deuda no existe. Es ficticia. Y entonces, si la deuda desaparece, automáticamente desaparece la brecha entre los roles.
Y esto mágicamente hace que desaparezcan los roles.

lunes, 25 de enero de 2021

Banderas Rojas

 Esta información nos ayudará para saber si estamos en una relación con una o con un perverso narcisista.



Si es un narcisista encubierto, es muy difícil y hasta diría imposible de detectar, ya que no es bueno prejuzgar a las personas; pero sí podemos tener bien activado nuestro sistema de alarmas y prestar atención a las “banderas rojas”. Para eso es importante poder tomarse tiempo y durante los primeros años en que conocemos a personas (en cualquier ámbito de la vida) ir con pie de plomo. Esto se traduce a que mientras vamos compartiendo diferentes momentos, podemos estar tranquilos y abiertos al disfrute; pero siempre prestando atención a algunas señales que enumeraremos en la columna de hoy.

Lo más importante es entender que durante esos años hay algunas cosas que NO tenemos que hacer y así estaremos a salvo para poder correr bien lejos si vemos que del otro lado hay alguna de estas personalidades tan dañinas, con intenciones de manipularnos y aniquilarnos. Durante un par de años es aconsejable que no se casen, no se embaracen, no compren propiedades juntos, no le des garantías de propiedades tuyas y no financies nada de lo que no puedas hacerte cargo si no cumple. Con esto último también queremos decir que no saquen créditos juntos y mucho menos vos sacar un crédito para dárselo. No te endeudes, no firmes nada que te comprometa; no le des dinero que no estés dispuesto a perder. Parece obvio lo dicho; pero estos seres son expertos en generar un estilo de vincularidad muy propicio a lograr que hagamos todo este tipo de movimientos.

Una incertidumbre que enfrentan muchas personas, especialmente la mujer cursando la mediana edad, es “pero ya pasé los cuarenta y tengo muchos deseos de ser madre”. “No puedo esperar tanto tiempo y quiero apostar a corto plazo a un proyecto de familia”. Lamentablemente esta urgencia se convierte en una vulnerabilidad importante para volverte carne de cañón y caer en las garras de estos seres. Esto se da para todos los géneros; pero por un tema cultural durante años lo ha sufrido mayor mente el femenino debido a imposiciones culturales, tal como lo vemos a continuación. Muchos especialistas en psicología ayudan a sus pacientes que atraviesan estas circunstancias, a pensar en su proyecto de mater/paternidad como algo separado del proyecto de pareja; sembrando la posibilidad de pensar en diferentes opciones que el mundo moderno facilita sin caer en viejos discursos del patriarcado que eran realmente tiranos para las mujeres, que se lanzaban a los brazos de cualquiera para poder “salvar la vida” y salir del mote de “solterona” y las tiránicas frases del “reloj biológico”, la “edad ideal para ser madre” y millones de ejemplos que vienen al caso. Con lo conversado hasta acá, nos damos cuenta que no es tan importante el diagnóstico de quién tenemos del otro lado ya que sin “la plaga de la prisa” no corremos riesgos de tener que quedarnos en donde no hay posibilidad de crecer de manera sana, de la mano de un par, en donde ambos nos vinculemos con respeto y amor. Pero como lo prometido es deuda, mostraremos 10 “banderas rojas”, señales para poder reconocer a un perverso narcisista dentro de la relación. Les pedimos que traten de ser lo más objetivos posibles para evitar el “sesgo confirmatorio” (la tendencia a interpretar de manera tendenciosa y sólo registrar la información que confirma nuestras propias hipótesis; desconsiderando otras posibles alternativas):

1. Bombardeo amoroso: Desde el comienzo hará un proceso de “almagemelizacion” donde sentirás “Dios se acordó de mí”. Pensaras que estás viviendo una película de amor romántico ya que en esta fase inicial el manipulador se ocupará de armar un personaje a la medida de tus expectativas.

2. Urgencia por irse a vivir contigo: Podría también querer casarse de manera urgente (porque “sos el amor de su vida”) e instalarse en tu “hogar, dulce hogar”. Si tiene recursos económicos y no necesita parasitar tus bienes materiales, a poco de conocerte, pedirá que te quedes en su morada para en corto tiempo poder obtener de ti el combustible de la fase de devaluación.

3. Cambio de máscara: según la persona que tenga adelante, será la “mascara” y será demasiado el contraste con el trato que tenga contigo. Lo hará de manera desproporcionada y en lapsos muy cortos de tiempo. Es decir, no son las máscaras sociales que tenemos todos y el cambio que surge debido al constructivismo (somos, en construcción con el otro). En este caso notarás la hipocresía. 4. Perdida de todos los espacios de intimidad: Se meterá en todos tus lugares y recovecos (internos y externos); pero será algo unilateral.

5. No pide perdón, no se disculpa: Siempre se las ingeniará para dar vuelta la situación recortando fragmentos de las escenas vividas para demostrar que todo lo que hizo fue por tu responsabilidad. Así TU que eres el culpable de todo lo que suceda ya que tiene una incapacidad para asumir SU responsabilidad. No puede asumir que su preocupación y rabia parte de su frágil ego y por lo tanto vuelca toda la responsabilidad en el otro, justificando de esta manera sus tratos o destratos.

6. Te aísla: Comenzará, a veces de manera sutil, a enviar mensajes negativos sobre las personas que tú quieres mucho, tus afectos. Hasta acaparar tu mundo y de manera paulatina alejarte de quienes han sido para ti personas importantes a lo largo de tu vida. De esta manera logrará que quedes más vulnerable y así te conviertas en alguien mucho más manipulable, logrando tener el monopolio del control de tu vida. Así, evita que tus mejores amigos te abran los ojos y tomes conciencia de lo que estás tolerando cada día. Lo puede hacer victimizándose y jugando el juego de la piedad contigo.

7. Imprevisibles en sus reacciones: En algún momento empezarás a sentir miedo de las reacciones del otro y a hacer contorsiones para evitar cualquier tipo de situación que lo pueda “sacar”. Esto hace que vivas en tensión permanente y con falta de libertad. 8. La mentira: Es un mecanismo que utilizan en diferentes situaciones. Miente para ponerte a prueba, para no asumir su responsabilidad, ver cómo reaccionas, confundirte o simplemente porque le es más fácil que decir la verdad.

9. Promesas que nunca cumple: Siempre tiene argumentos que justifican el incumplimiento. Vive de las promesas, seduce con las promesas y te conviertes en un adicto a la ilusión porque le crees.

10. Te genera culpas: Si tu conducta no es de su agrado te castigará, te descartará, te retirará la palabra y hará que te sientas muy culpable.
Estas son sólo algunas señales. Ya sabemos que en la etapa de devaluación hay otra como el Gaslighting, la Triangulación, la Ley del Hielo, el Reforzamiento Intermitente entre tantos otros mecanismos de manipulación.

Empatía

 El narcisista es un pobre que se muestra rico y el codependiente es un rico que se siente pobre.




Empatía es la capacidad de ponernos en los zapatos del otro. Se trata de comprender las emociones, sentimientos, pensamientos y acciones que nos expresa otra persona. La verdadera empatía implica no juzgar a la otra persona, evitar llevarnos su historia a algo autorreferencial, es decir al terreno de nuestras propias vivencias; sino comprender lo que el otro está sintiendo. Empatía no se trata de identificarse ni de dar consejos o interpretaciones. 

La otra persona busca sentirse comprendida y escuchada, no busca una solución que provenga del resultado de nuestros consejos. Si la otra persona tiene interés en conocer nuestra opinión, nos lo va a preguntar y le servirán herramientas que a alguien le hayan funcionado en una situación similar a la que esté atravesando. En el caso de vernos tentados a opinar es importante preguntar: “¿te puedo dar mi opinión?” Dejando bien en claro que es nuestra humilde manera de ver las cosas desde nuestro lugar. 

La empatía es una capacidad indispensable para comunicarnos de manera asertiva.

El “trastorno por exceso de empatía” existe y puede deteriorar nuestras vidas y traernos problemas en diferentes áreas.

Imagínense trazar una línea y marcar un punto medio que signifique una empatía sana: Una empatía natural, una empatía que todos necesitamos desarrollar de manera consciente.

Hacia la derecha, alejándonos del punto medio vamos a imaginarnos el exceso de empatía: en donde el individuo termina olvidándose por completo de sí mismo, a veces de su salud, quedándose sin tiempo, dándole ayuda a quien no la merece, inclusive a quien no la necesita y aunque no se la pidan, quedando completamente desdibujado. El trabajo en terapia será acompañar a la persona a la posición del centro nuevamente para que pueda poseer una empatía sana, sin la adicción a ayudar a quienes no se lo piden ni a quienes él no desea brindar su ayuda. ¿Qué sucede a la izquierda de la línea? Si hacia la derecha, bien al extremo, representa la enfermedad por exceso de empatía; hacia el otro extremo, alejándonos del sentir una empatía natural, bien a la izquierda se encuentra la Psicopatía: aquella persona carente absolutamente de empatía que no repara en medios para conseguir satisfacer sus necesidades especiales.

En este extremo, que representa un grado 100 de falta de empatía, a medida que nos alejamos de ese punto en dirección al punto central de “empatía sana”, nos vamos a encontrar con muchísimas personas que tienen distintos niveles de déficit de empatía, un espectro de personas que son esencialmente así y otras que al menos con nosotros están siendo así. 

Recordemos que somos seres multidimensionales y un mismo sujeto puede poseer un costado muy empático y una parte totalmente carente de empatía, entre otras facetas. Entonces podríamos estar vinculándonos con alguien que puede ser una buena persona y sin embargo por incapacidad de alguna de las partes se despierta el lado psicopático que el otro posee; en donde el que carece de empatía no va poder ofrecer una relación de reciprocidad. Por eso es importante el equilibrio entre el dar y el recibir en todos los vínculos para no fabricar el que el otro nos brinde, en lugar de lo mejor de sí, su parte psicopática.

El amor sin límites es un amor abusivo. Y si no ponemos límites sanadores, a veces con roces necesarios, estaremos siendo corresponsables de que el otro nos use. Y si nos convertimos en un “objeto” es porque el otro se estará vinculando desde su lado depredador. Las personalidades narcisistas y la codependencia se encuentran a lo largo de todo este espectro y tarde o temprano despiertan a la realidad de que si uno no sabe amar, tiene o vínculos desgraciados o una profunda soledad con ausencia de vínculos. Es frecuente ver a las víctimas de los narcisistas patológicos consumidas en sus propios cuerpos y condenadas a no tener otros pensamientos más que el rumiar permanente sobre su depredador, desde que abre los ojos hasta que logra conciliar el sueño luego del insomnio, adictos al manipulador que funciona “casualmente” como un narcótico.

A veces, creemos que amamos a alguien cuando en realidad estamos siendo adictos.

Tal como venimos tratando en esta columna, el narcisista no se hace cargo de sus actos. Por eso no pide disculpas y no mide el daño que está provocando, con el plus de que se va a ocupar de hacer el trabajo de invertir los roles para poder culpabilizar siempre al otro. En grados muy patológicos, nos encontraremos con el manipulador que disfruta de la crueldad. En grados más intermedios observaremos personalidades que ni siquiera son capaces de advertir su crueldad e invertirán la culpa. 

Repasemos pues, dos características a tener presentes de estas personalidades dañinas son:

  1. El utilitarismo: las personas para ellos son meros objetos que están ahí para satisfacer sus necesidades especiales. Las usan. De modo que si las dañan no les importa. Objetos para usar y descartar. Y no les importa en absoluto ni siquiera agradecer lo recibido debido a que al haber falta de empatía hay una falta de gratitud.
  2. La personalidad narcisista es por definición manipuladora: “si el otro es un objeto, está ahí para que Yo lo use cuando lo deseo y encima es un objeto descartable”. Los manipuladores patológicos usan al otro sin que se dé cuenta y lo usan para su beneficio personal. En general no nos damos cuenta de que estamos siendo manipulados por un narcisista hasta que ya es demasiado tarde y nos vemos metidos en medio de un laberinto. 
  3. Y sabemos que de un laberinto se sale por arriba.

    Estemos atentos a cuando somos usados y manipulados para no alimentar la dimensión depredadora del otro con excesos de empatía y amabilidad ya que la paciencia se debería terminar cuando comienzan los abusos.

     “El manipulador patológico no se hace cargo y el empático patológico lo justifica”. (Virginia Gawl)

viernes, 1 de enero de 2021

El Triángulo Dramático ¿Por qué algunos vínculos se tornan tensos, conflictivos, distantes o superficiales; generando sensación de vacío y soledad?

 


El Triángulo Dramático de Karpman explica cómo nuestros conflictos en lo que refiere a relaciones interpersonales son el resultado de procesos inconscientes que nos llevan a adoptar los roles de “el perseguidor”, “el salvador” y “la víctima”. Un individuo puede pasar de un rol a otro, este estilo comunicacional refuerza la dependencia y los lazos simbióticos entre los participantes del triángulo, impidiendo así el desarrollo de una autonomía e interdependencia basada en el respeto a las necesidades de todos los participantes en la comunicación. Por ello decimos que

“el triángulo dramático” constituye una dinámica de comunicación interpersonal disfuncional y destructiva.

En la columna de hoy te contamos cómo son los roles que conforman este triángulo. 

El perseguidor: agrede con autoridad desmedida, prejuzgando las acciones y sentimientos de los demás. Los perseguidores suelen ser acosadores. El perseguidor experimenta rabia contenida, desprecio y un deseo de causar daño. Induce a que los otros sientan miedo y evita mostrar sus auténticas emociones por lo que no logra relaciones en donde haya una verdadera intimidad.

El Salvador: Este rol se desarrolla con la sobreprotección, impidiendo que los demás resuelvan sus problemas; deteniendo así su desarrollo y crecimiento. Salvar, es ofrecer una ayuda que no es saludable ni oportuna; pero se ofrece para mantener la autoimagen de bondad. Es muy saludable preocuparse por un ser querido, no así el hacerse cargo de todos sus conflictos ya que el mensaje inconsciente que enviamos es “tu no puedes”, “no tienes la capacidad para resolver ningún problema”. El salvador transmite de manera no verbal un mensaje parecido a este: “Estando yo aquí no tienes que preocuparte de nada, yo lo haré por ti”. Los salvadores suelen hacer algo que no quieren hacer, o bien hacen más de lo que les corresponde. 

Resulta difícil detectar al salvador porque su actuar aparenta ser una ayuda genuina y desinteresada; pero se le podrá identificar porque el salvador acabará persiguiendo al “salvado”. El salvador genera culpa o soborno y se preocupa en exceso por los demás.

La Víctima: Este rol se desarrolla como consecuencia del desempeño del perseguidor o salvador de manera que la víctima se comporta con temor o se siente desvalorizada o reacciona con agresividad. La víctima, transmite un mensaje no verbal del tipo: “pobre de mí”. 

La persona que juega este rol se ve a sí misma sufriendo o padeciendo una situación. Y se siente desdichada.

 

¿Cómo utilizan este triángulo los narcisistas patológicos?

Los perversos narcisistas conocen a la perfección el funcionamiento neurótico. A estos manipuladores les encantan los triángulos y harán todo tipo de maniobras para invitar a sus candidatos a “víctimas” para que entren en esta dinámica:

Retomemos los 3 roles que explicamos arriba:

Un Narcisista patológico va a invitar a su partenaire a habitar el rol de la víctima que se sentirá “pobrecito yo” debido al acoso, al abuso narcisista, al bullying. Los sentimientos predominantes serán los de sentirse abandonados, desamparados, oprimidos, dejados de lado y atacados. Pero lo sorprendente es cuando el narcisista juega este rol. 

Es extremadamente habitual que el manipulador realice el juego de la piedad , mostrándose como la víctima de su víctima y evadiendo así cualquier responsabilidad sobre sus actos. Utilizando el beneficio secundario de esta posición que implica la reclusión de los monos voladores, que serán aquellas personas que le compren la falsa versión de los hechos y que estén dispuestas a asumir el rol de rescatadores de la “falsa víctima”. Perseguidores de la víctima real.

Con respecto al rol del perseguidor: durante el ciclo del abuso narcisista, quien encarna este rol es el manipulador patológico mediante el acoso y los ataques permanentes. Lo hace culpando, avergonzando, devaluando, sometiendo y chantajeando emocionalmente a su víctima. Conseguirá que juegue el rol de perseguidor, debido a los celos que le provoca con la triangulación,  haciendo que esta le revise el celular, mails, etc.

No olvidemos que la víctima viene del rol de rescatador, o pasará en algún momento por este,  posición clásica encarnada por los codependientes que de manera inconsciente piensan que tienen el poder de reparar, sanar y rescatar a todos los seres que se cruzan en su camino. En esta posición asumirá todas las responsabilidades y se hará cargo de cosas que no le corresponden.

Con esta dinámica los perversos narcisistas se aseguran una potente fuente de combustible.

El triángulo se termina cuando cuando una persona decide salirse y romper con este patrón de comportamiento aprendiendo a poner límites, con trabajo personal y de autoconocimiento.