miércoles, 7 de julio de 2021

Los psicópatas en la justicia.

 



El descarte “final”, cuando se termina un matrimonio con un psicópata, ocurre cuando el depredador consigue una nueva víctima. Ya que acabó casi por completo con su pareja o porque "se hace dejar", actuando de manera torpe a la hora de esconder las infidelidades, excediéndose en la triangulación y  abusando en forma burda de los mecanismos de manipulación (como el gaslighting y el tratamiento silencioso). Muchas veces la víctima, agotada, dice “basta” y cansada de la "tomada de pelo" decide pedir el divorcio unilateral.

En un primer momento la víctima que todavía no comprende la situación que está viviendo, piensa que con el divorcio se terminarán sus problemas. Los psicópatas no aceptan perder sus fuentes de combustible y comienzan a obtener el suministro a través del proceso judicial. En nuestro país no hay hasta el momento una legislación que contemple el abuso narcisista. Sólo se legislan los actos sangrientos. El artículo 34 habla de "asesinos o delincuentes que tienen el juicio conservado, conciencia y comprensión del acto en el momento de cometer un delito". Pero la justicia no tiene en mente la posibilidad de un ser atípico como el psicópata  adaptado a la sociedad.

Para la justicia todos los padres son iguales y con la excusa del interés superior del niño, obligan a los menores a relacionarse con sus progenitores sin tener en cuenta que al psicópata no le importa dañar a sus hijos destruyendo el sistema afectivo, emocional y psíquico de los mismos, de la misma forma que abusó de la madre o padre, ya que como siempre aclaramos esto no es una cuestión de género.

Ahora vemos que la carrera destructiva del depredador no termina con el divorcio, especialmente cuando hay hijos en común, este tipo de hostigamiento va a ir escalando. Primero culpará a la víctima de “la destrucción de la familia”, ese mensaje será transmitido a los hijos mostrándose el sicópata como una víctima. La presa intentará proteger, sin éxito, a los hijos. El proceso será distinto si el psicópata  es hombre o mujer. En el caso de un hombre psicópata, en un primer momento  actuará como si estuviese arrepentido frente a los posibles testigos, se mostrará como un buen padre que se preocupa y se ocupa de los hijos, mostrándose débil y necesitado para hacer que su ex se sienta culpable y compasiva. La víctima pensará que los hijos no tienen porque sufrir la separación de los padres y pensará que al igual que en un divorcio común (el de dos personas empáticas), los hijos necesitan convivir con ambos padres por igual. En ese momento,  el psicópata  buscará obtener una ventaja económica y comenzará el control y las manipulaciones sutiles sobre los hijos para seguir devaluando a la madre. En algún momento empezará a pedir reuniones en el colegio,  con el pediatra, terapeutas o profesores de los hijos a  espaldas de la madre para mostrarse como un padre preocupado y dando a entender que la madre sufre  algún desequilibrio psicofísico.

Con esta maniobra confundirá al entorno y a los hijos, que cada vez tendrán más dudas sobre una madre desautorizada, desvalorizada, débil e indigna de confianza.

Si alguno de los hijos se muestra leal a la madre, esto desatará la ira narcisista con represalias pasivo-agresivas que los hará sucumbir a través de una extorsión sutil y jugando a ser la víctima de su víctima. Si quiere destruir por completo a su presa, el narcisista  captará a los hijos como una secta y los alejará de la madre;  quedando ésta en un estado de desolación, agotamiento, desgaste físico, mental y económico. Mostrándole a la sociedad "lo desequilibrada que es" y dejándola sin la chance de tomar decisiones acertadas. La víctima se siente, impotente, insegura, deprimida, desamparada. Ha perdido su libertad y está acorralada. Ya no sabe qué más puede hacer.

El depredador no se detiene y la sigue atacando con cartas documento, desestabilizándola aún más. Ya no pasará la  cuota de alimentos; pero mentirá y a los hijos les dirá que siempre cumple con sus obligaciones parentales.

En los casos  que no le es tan simple quedarse con los hijos, comenzará a mandar demandas diciendo que la madre obstruye el vínculo,  levantando dudas en el juzgado y desestabilizando una vez más a la víctima a nivel económico, ya que la misma tendrá que pagar las costas de sus abogados.

Llegado este punto la víctima se ha ido desmoronando,   quedando cada vez más aislada a nivel social ya que el entorno se agotó de ser testigo del  proceso. En definitiva la revictimizan.

La próxima semana les contaremos cómo sucede este proceso cuando la psicópata es la mujer.

Recordemos que la sociedad tiene el potencial necesario para poder detener las acciones psicopáticas. El primer paso es visibilizar este tipo de abuso.

La narcisista patológica en el divorcio.

 

La gente suele preguntarse por qué una víctima estuvo tanto tiempo en pareja con un manipulador patológico. Nosotros ya vimos que es debido a la “adicción a la ilusión”, generada por el “juego de la esperanza tóxica” El manipulador, luego de generar un estallido emocional en la víctima, puede invitarla a tomar un café como si nada hubiera pasado y le propondrá hacer un pacto de paz (como veremos adelante, es lo que en el lenguaje de los sobrevivientes a narcisistas se denomina “falso pacto de paz”). 

Esto es algo que confunde, desorienta y angustia a quien, sensible a los problemas y sentimientos del otro, no comprende lo que está pasando porque hace un momento se hizo un pacto donde se prometió no repetir el ataque que provocó el estallido emocional y tan sólo instantes después se incumplió la promesa. Esta disonancia cognitiva en que queda sumergida la víctima, conlleva un nivel de violencia solapada altísimo.

Cuando ocurre el descarte y se acerca el divorcio, las psicópatas comienzan a trabajar sobre los hijos para en algún momento convertirlos en sucursales de sí mismas. 

Al principio la narcisista actuará como una víctima, interpretando a la perfección este papel que tendrá muy bien estudiado. Al saber qué les sucede a las verdaderas víctimas y cuál es el comportamiento de los psicópatas hombres, puede fingir enfermedades graves como el cáncer. También puede que invente un embarazo y luego dirá que lo perdió por los abusos (en algunos casos pueden mostrar estudios médicos de personas que están pasando por eso y decir que son de ella). Algunas, tienen comorbilidad con el síndrome de Münchausen y son capaces de dañarse para requerir atención médica. Llegada esta instancia, la narcisista puede pedirle a su marido que no se separe poniendo como excusa a los hijos de la pareja. La culpa será la herramienta principal que la psicópata utilizará para manipular a su pareja y de este modo logrará obtener un convenio, ventajoso para ella y extremadamente injusto y desfavorable para su ex marido. 

Una vez el acuerdo se haya homologado en el juzgado, comenzará a castigar a su ex poniendo a sus hijos en contra de él. Esto lo hará de manera paulatina, tomándose su tiempo. Para conseguir que los hijos no deseen verlo, irá descalificándolo, difamándolo y mintiendo sobre él para generar dudas, temor y desconfianza. Si aún así, estos manifiestan la intención de ver a su padre, les generará sentimientos de culpabilidad, manipulándolos y mostrándose desolada para que “no quieran dejarla”.

Empezará a pedirle al ex, que se haga cargo de gastos que antes no tenían, como profesionales de salud mental, profesores particulares, actividades extra curriculares, etc…

El señor se encontrará pagando un monto de dinero exagerado y por otro lado ya casi no verá a sus hijos. Si se niega a darle ese dinero extra, la narcisista lo difamará frente al entorno. Al mismo tiempo seguirá controlando cada movimiento de su víctima, hostigándolo.

El padre sufrirá al ver que no puede hacer nada para neutralizar las manipulaciones, al igual que ninguno de sus seres queridos pudo hacer nada con él cuando la psicópata lo captaba en la fase del bombardeo amoroso. Estadísticamente, cerca del 90% de los abusos sexuales son perpetrados por hombres. Una psicópata va a aprovecharse, sin ningún tipo de remordimiento, de los movimientos que con la más noble de las intenciones intentan proteger a mujeres y niños. 

Aquí se concreta la destrucción total de la integridad de la víctima: Lo acusará de abuso sexual (puede ser hacia ella o hacia los niños) y también de maltrato. La víctima tendrá que luchar por su inocencia. Experimentará un terrible desgaste económico y psicofísico. Los hijos quedarán muy dañados, llenos de conflictos por el ataque a la percepción que les hizo la psicópata. Finalmente, la víctima quedará arrasada por un sentimiento de impotencia, indefensión e injusticia.

Lamentablemente, este tipo de personas algunas veces suelen empañar con las acciones fruto de su psicopatía, los reclamos legítimos de todas las víctimas de abusos y la lucha de quienes, día a día, dedican tiempo, esfuerzo y medios para conseguir verdaderos avances en la igualdad de géneros.


martes, 15 de junio de 2021

Víctima

 Los que trabajamos a diario para combatir este mal social y ayudar en el proceso de recuperación de las víctimas, observamos algunos factores en común cuando llegan al consultorio: Todas están colmadas de culpa, confundidas, consumidas en sus propios cuerpos, sin poder poner en palabras lo que sufren.


A los terapeutas nos lleva mucho tiempo hacerles comprender su inocencia debido a que vienen de otras experiencias con gurús espirituales, coaches, counselors o influencers. O con profesionales de la salud mental que no son especialistas en el tema. Todos quienes les niegan la condición de víctima.


Y es que no es lo mismo ser víctima que victimizarse.


Ser víctima no es victimismo. A ver si de una vez por todas comprendemos que las violencias y los abusos son siempre responsabilidad de quienes las ejercen. Nunca de los damnificados.





Mientras no lo entendamos, las victimas sufrirán en silencio, agotadas de escuchar que son ellas quienes permiten y permanecen en una posición gozosa.


Entendamos que las técnicas de manipulación de estos depredadores encubiertos son de “alta tecnología”. Pedimos encarecidamente que se deje de responsabilizar a las víctimas de los abusos que sufren bajo la sombra de un psicópata. Los abusadores actúan con alevosía, premeditación, con ventaja y de una manera sutil. No es una situación en particular lo que desestabiliza a la víctima; sino la suma de manipulaciones que en conjunto dan como resultado el “ciclo del abuso encubierto”. Y esto hace que sea indecible para quienes lo padecen y desconocen el tema. Las teorías del espejo, del grado de conciencia y de que vibramos en una frecuencia determinada, demuestran una gran falta de conocimiento del modo de actuar de la tríada oscura (personalidades psicopáticas, maquiavélicas y narcisistas malignos).


Un psicópata entra por las grietas de la víctima, por sus vulnerabilidades.


La condición humana implica tener vulnerabilidades (pueden ser crónicas, de largo, medio y corto plazo) así que hasta la persona más inteligente, espiritual, con autoestima elevada, apego seguro e iluminada puede llegar a caer en la depredación de un psicópata. Con esto no queremos decir que nunca se sale del lugar de víctima: pero para poder salir hay que asumirse como tal, comprender la inocencia y convertirse en una amenaza para estos seres. Entiéndase por amenaza lo que siente el sicópata cuando se dan cuenta que tenemos información y conocemos la terminología sobre este tipo de abuso.


Si el Dr. Robert Hare* dice que aún después de decenas de años en los que investigó el comportamiento psicopático, él tampoco está exento de caer en la seducción y en las garras de alguno que jamás actuará de manera torpe; nadie está inmune a ser seducido por un perverso narcisista. Vale aclarar que no estamos hablando de “relaciones tóxicas” en donde dos adultos se relacionan de manera insana o donde hay dos personas que se llevan mal. Nos referimos a cuando un abusador, de manera consciente con una metodología muy encubierta decide depredar a un ser humano. Aniquilarlo con la manipulación hasta dejarlo en estado de agonía.


Aunque las víctimas favoritas pueden ser personas empáticas, buenas, generosas, con altos valores, altruistas y las mismas les resulten más fáciles de manipular, cualquier persona puede ser víctima de un psicópata de una u otra manera.


Como dice el Dr. Iñaki Piñuel: “Quienes propagan el falso mito de la existencia de complementarios, justifican las peores actuaciones psicopáticas asignando a las víctimas la culpa de lo que sufren. Un psicópata no requiere, para ser lo que es, de una complementaria. Lo es por sí mismo, así fuese el último ser vivo sobre el planeta”.


Aquellos que re victimizan a la víctima suelen hacerles preguntas retóricas del tipo de: ¿Qué es eso de sentir ira o rabia contra tu ex-psycho? ¿De qué te sirve desgastarte en la furia cuando tu ex-psycho ya está en otra cosa?


Esto es el resultado de no entender que fuiste una pura víctima. No rechaces esa palabra: VÍCTIMA...acéptala. Ni masoquista, ni complementaria, ni nada... ¡VÍCTIMA!

Por favor, dejemos de responsabilizar a las víctimas de los abusos.


*Profesor emérito de la British Columbia University, uno de los más reputados investigadores en el campo de la Psicopatía y la Sicología Criminal.

El duelo más difícil

 




Inimaginable suponer que se está entrando al Ciclo de Abuso Narcisista. Y que aquel ser que la persona está conociendo, es un personaje hecho a la medida de los sueños y deseos de la víctima. ¿Cómo duelar la pérdida de una relación que nunca existió? ¿Se puede elaborar el duelo de una persona que no existe y que, como dijimos nunca existió? Lo primero que tiene que entender una víctima de manipulación patológica es que la persona a la que extraña, por la cual sentía tanto amor, con la que tenía tantos proyectos e ilusiones, nunca fue real.


No se trata de una relación en la cual hubo un desgaste y se acabó el amor. Tampoco se trata de dos personas que crecieron en un camino con senderos que se bifurcaron y ya no tienen cosas en común. Lo que mostraba el narcisista en la fase del bombardeo de amor era una farsa. Los narcisistas no tienen doble personalidad, poseen una sola que es la auténtica y a la cual camuflan y maquillan de modo cosmético para poder seducir, manipular y encantar a sus víctimas. El maquillaje es una máscara que esconde una personalidad fraudulenta. Es la visión cosmética de la relación, la que lleva a la víctima a decir “lo amo” “lo extraño”. Pero, ese ser no existe, nunca existió y jamás existirá. La supuesta “alma gemela” era un fraude.


Lo que sí era real era el amor que la víctima sintió por el narcisista. Eso fue real y esto dificulta la comprensión de que depositó su corazón en un personaje fraudulento, viviendo una verdadera estafa emocional.


Lo que tiene que comprender la víctima es que no se puede perder lo que nunca se tuvo. Este es un duelo del orden de la falta, no es un duelo de una pérdida.


“No se está perdiendo a nadie y lo que se pierde esta buen perdido”, bienvenida esa pérdida. El duelo será por la ilusión. El dolor es por el engaño, la manipulación y por lo siniestro de entender que todo era mentira.


Se llora por la traición.


Algunas personas extrañan el anillo en el dedo anular, les duele no tener la foto de la familia que soñaron, la identidad que les daba pensar que estaban en pareja.


Las víctimas sufren por la pérdida de la imagen social que proyectaban, cuando pensaban “que no estaban solteros”. Aunque con su pareja narcisista nunca tuvieron un vínculo de verdadera intimidad.


El duelo no es de la relación.


La pena de amor es por uno mismo, por no haber construido una intimidad genuina y tener que duelar la parte de uno que muere con la caída de la ilusión.


La víctima siente que dio todo lo que tenía y es normal que piense que nunca más va a poder estar con alguien. Cuando se acepta que este duelo es por la falta y no por la pérdida, se empieza a experimentar cómo se abren nuevas posibilidades. “Sacarse a un narcisista de encima” es la mayor liberación que le puede suceder a un ser humano. Jamás se podría imaginar que las lágrimas derramadas luego del descarte son por el amor que desea tener; pero que nunca estuvo ni estará en un vínculo con el manipulador patológico.

miércoles, 2 de junio de 2021

Abuso sexual infantil

 



Como ya venimos hablando en esta columna, los psicópatas integrados se camuflan y logran legitimarse socialmente.

¿Todos los abusadores sexuales son psicópatas? Si bien no todos los psicópatas son pederastas, hay un porcentaje que sí lo son y un porcentaje de estos puede llegar a abusar de sus propios hijos. Un pedófilo es alguien que tiene fantasías sexuales con niños y no necesariamente se instala en una posición psicopática. En cambio un pederasta (aquel que abusa sexualmente de un niño)si es un psicópata, que cosifica al niño y hace uso de él al pasar al acto. Es importante recalcar que los abusadores no necesariamente van a ser personas agresivas ni violentas en lo fenomenológico. Nada los distingue de un neurótico común y corriente que no cometió mayores delitos. Lo que hay que evaluar es otra cosa más allá de la conducta.

El DSM al referirse a los abusos sexuales, afirma que en general, las personas que abusan sexualmente de un niño son miembros de su propia familia o conocidos muy próximos. El niño suele conocer a su agresor sexual. Estos agresores suelen ser personas que interactúan habitualmente con el niño y que pueden tener fácil acceso a él. Son además personas que a los ojos del niño están en una posición de autoridad y poder y en las que el este deposita grandes dosis de confianza.

Frente al abuso sexual, los niños suelen reaccionar habitualmente con miedo, culpa y vergüenza. Muestran reticencia a revelar el abuso que han sufrido y, con una mezcla de temor y tolerancia para con su agresor. En numerosos casos, estas personas también tienen la tarea de protegerlos; con lo cual la confusión y el sentimiento de culpa de los chicos se hace aún mayor. La reticencia de estos a hablar también se debe a que en muchos casos sus agresores los amenazan con herirlos, matarlos o abandonarlos (a ellos u otros miembros de su familia) si cuentan el hecho a alguien. O si la situación se hace pública. Por todo esto, la verdadera cifra de abusos sexuales infantiles es muy difícil de calcular y tiende a estar sub-estimada. La actuación de los médicos que, ante la dificultad para obtener pruebas enteramente confiables y la incertidumbre sobre el futuro del niño, tienden a ser más bien reticentes a reconocer al abuso y efectuar la denuncia; e incluso de la justicia con su tendencia a victimizar por segunda vez a la víctima (aunque luego de algunos cambios recientes, esto ocurra menos que antes) también colaboran de alguna manera a mantener esta tendencia a que las denuncias no sean fácilmente realizables y que por lo tanto las estadísticas tienden a estar, como ya dijimos, sub-estimadas.

En muchos casos, tampoco las familias son muy proclives a realizar denuncias, ya que dado que el agresor suele ser un miembro activo del grupo familiar (muchas veces, incluso, es quien aporta una parte importante de los ingresos de dicho grupo), las familias suelen tener miedo de romper su unidad si denuncian el abuso. Los ciudadanos y profesionales también se sienten con dudas a la hora de denunciar, ya que temen que el niño sea re victimizado por las instituciones policiales y judiciales (por ejemplo, que deba declarar sobre el abuso en presencia del agresor o que sea retirado de su núcleo familiar para ser “protegido” e internado en una institución, etc...

Frente a la comentada dificultad del entorno y del propio niño para efectuar la denuncia, tampoco existen pruebas físicas que sean definitivas e irrefutables para comprobarlo y que puedan actuar como “contrapeso” para facilitar dichas denuncias. Existen indicios e indicadores físicos que pueden hacer presumir la agresión y entre ellos podemos mencionar principalmente a las magulladuras, el prurito, el dolor en la zona genital y a las hemorragias vaginales o rectales. 

También, aunque se trata de signos menos directos, a las infecciones urinarias recurrentes, la presencia de flujo vaginal, la aparición de enfermedades de transmisión sexual y la dificultad para caminar o sentarse. Este segundo grupo de indicios, como dijimos, es menos directo; pero no por eso deben ser descartados y se los debe tomar en consideración. Deben despertar sospechas que lleven a una profundización del análisis de cada situación. Tampoco hay comportamientos (conductas) específicos del niño que prueben que ha habido abuso sexual. Pero no obstante, también existen algunas conductas significativas que permiten inducirlo. Una de las más habituales es la de aquellos chicos que saben excesivos detalles acerca del acto sexual antes de la edad en que normalmente deberían conocerlos. Los niños no pueden describir algo que no conocen con lo cual, cuando describen con detalle estos actos, es porque han sido testigos de actividades sexuales o han participado de ellas. Los que no pueden hablar y comunicar lo que han vivido, suelen expresarlo a través de los contenidos de sus juegos e incluso pueden comenzar a tener conductas sexuales con sus pares. 

Otras conductas que pueden ser tomadas como indicios son los comportamientos excesivamente agresivos o el repentino temor hacia los adultos.

Por otra parte, hay que tener presente que en los casos en los que el niño logra revelar información sobre una agresión sexual recibida, es muy posible que luego se retracte o que la ansiedad le impida que el relato sea completo, mucho más cuando sigue en contacto con el agresor y teme su represalia.

El grado de vulnerabilidad a las secuelas de estas agresiones depende del tipo de abuso, su cronicidad, la edad del niño y el tipo de relación global entre la víctima y su agresor. Los efectos psicológicos y físicos pueden ser duraderos y devastadores. El niño estimulado sexualmente por un adulto siente ansiedad y sobre excitación; pierde la confianza en sí mismo y se vuelve receloso de los adultos. La seducción, el incesto o la violación constituyen factores que predisponen a la formación posterior de síntomas (como fobias, ansiedad o depresión). Aquellos niños que han sido agredidos sexualmente tienden a estar híper-vigilantes frente a la agresión externa, lo que se expresa en incapacidad para combatir sus propios impulsos hacia los demás o la hostilidad de otras personas hacia ellos.

Los trastornos por estrés post-traumático y los trastornos disociativos son comunes en adultos que han sufrido abuso sexual en su infancia. Muchos niños víctimas de abuso sexual cumplen los criterios diagnósticos del Manual de Siquiatría DSM IV-TR para, por ejemplo, un Trastorno de Estrés Post-traumático. Son comunes también los síntomas depresivos, combinados con vergüenza, culpa y sentimientos de daño permanente.

No hay ningún tratamiento para los psicópatas, porque es una manera de ser en la vida, si van a estar sueltos en la sociedad van a seguir abusando, porque esa es su condición sexual.

Negligencia




 


No recibir la protección psicológica o física necesaria equivale al abandono. 

Vivir con repetidas experiencias de abandono crea “vergüenza tóxica”. La vergüenza surge del doloroso mensaje implícito en el abandono: “No eres importante, no eres de valor”. El niño carga con la vergüenza que sus progenitores abandónicos no poseen. Cuando un progenitor psicópata sin responsabilidad emocional embaraza a una mujer en condiciones emocionales muy precarias y sin recursos de ningún tipo (psicológicos, espirituales, materiales, culturales y de fuerza física, sin trabajo, sin entorno sano de contención), ¿qué puede llegar a ocurrir?
El abandono físico o emocional en el niño es tratado por Kaplan en su Manual de Psiquiatría bajo el nombre de “Negligencia de la Infancia” y también dentro del capítulo de “problemas relacionados con el abuso o negligencia” en el D.S.M. (que recordemos, es libro de referencia de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría). 
Kaplan afirma que, si bien muchas veces no muestran signos evidentes de haber sido golpeados o apaleados, los niños maltratados suelen presentar múltiples signos de privaciones, tanto a nivel físico (mala nutrición; desnutrición; etc) como emocional. Y que como consecuencia, estos niños a los que se suele llevar al hospital o a un médico privado, suelen presentar un historial de falta de progreso, desnutrición, higiene cutánea deficiente, irritabilidad, retraimiento u otros signos de desatención psicológica o física.
Quienes sufren estas privaciones pueden llegar a tener un retraso del crecimiento que se haga evidente antes del primer año de vida. Las privaciones hacen que su desarrollo se altere drásticamente. Pueden llegar a ser incapaces de establecer interacciones sociales adecuadas. Hay casos en los que son evidentes en el niño un hambre excesiva; infecciones crónicas; una higiene deficiente; vestimenta inadecuada o incluso desnutrición.
En lo que tiene que ver con su conducta, los niños con privaciones o desatenciones crónicas pueden llegar a demostrar su falta de afecto mostrándose indiscriminadamente afectuosos incluso con desconocidos o, por el contrario, reaccionar mostrándose socialmente no-reactivos incluso en un ambiente familiar. Al no presentar signos evidentes de maltrato; el abandono se hace difícil de diagnosticar. En este tipo de problema los indicios pasan por evidencias menores de privación, ya sea física o emocional. El profesional que interviene debe prestar atención a los antecedentes del niño; a su aspecto y a su conducta. Son niños que, como ya ha sido comentado, suelen tener antecedentes de desnutrición; infecciones crónicas; mala higiene; retraimiento, etc.
No sólo los psicópatas abandonan a sus hijos, también hay víctimas de estos que suelen ser personas abrumadas, deprimidas y aisladas. El desempleo, la separación conyugal y el consumo de sustancias pueden agravar la situación. Según Kaplan, existen varios estereotipos posibles de madres que desatienden a sus hijos: Algunas son jóvenes, inexpertas, aisladas socialmente e ignorantes; lo que les impide temporalmente estar capacitadas para cuidar de ellos. Otras, tienen conductas pasivas y retraimiento crónicos, posiblemente porque han crecido en ambientes caóticos, abusivos, y también negligentes. En estos últimos casos, cuando intervienen los servicios de asistencia social, las madres en general aceptan ayuda. Las mujeres que tienen trastornos mentales graves son muy difíciles de asistir, dado que consideran a sus hijos como seres malvados o que expresamente las están volviendo locas. 
Finalmente, creemos importante mencionar que pueden darse dos tipos de abandono:
● El abandono físico: aquella situación en que las necesidades físicas básicas del menor como por ejemplo alimentación, vestido, higiene, protección y vigilancia en situaciones potencialmente peligrosas o cuidados médicos, no son atendidas temporalmente o en forma permanente por ningún miembro adulto del grupo que convive con el niño.
● El abandono emocional: consiste en la falta persistente de respuestas a señales (llanto, sonrisas), expresiones emocionales y conductas procuradoras de proximidad e interacción iniciadas por el niño y la falta de iniciativa de interacción y contacto por parte de alguna figura adulta estable.
Es importante poder diferenciar todos estos casos aquí mencionados, de la “Violencia Vicaria”, que es cuando el Psicópata utiliza a los hijos, causándoles daño para así seguir maltratando a su ex pareja. Ahondaremos sobre esto en próximos artículos.No recibir la protección psicológica o física necesaria equivale al abandono.

El pasivo-agresivo

 

  • Raúl y Jimena están empezando a conocerse. Ya son varias las veces que Raúl le comenta a Jimena en momentos de intimidad, lo hermosa que le parece su mejor amiga y le hace saber que le gustan “todas las mujeres del universo”.
  • A Pamela le encanta bailar salsa; pero desde que está en pareja con Nicolás, dejó de ir a las “salseras” ya que a su novio le da celos. Para el cumple de Pamela, ella invita a sus seres queridos a una cena y luego las amigas le proponen ir a bailar al que era su lugar favorito. Ella mira a Nico esperando su aprobación y él le dice que, si, que vaya. Esa noche, cuando regresa a su casa, Nicolás la ignora por completo y así ocurre por las siguientes dos semanas. Al otro mes, la mejor amiga de Pamela festeja su cumpleaños. Nicolás le dice que la va a acompañar; pero un rato antes pierde el tiempo y tarda tanto en prepararse que llegan a la fiesta cuando está terminando.
  •  

    • Cuatro estudiantes se juntan para preparar un trabajo para la facultad. Romina propone una idea y todos parecen estar de acuerdo. Sin embargo, Laura se resiste a desarrollar el plan. Cuando pactaron hacer la propuesta de Romina, todos dijeron estar de acuerdo; per a la hora de hacer su parte, Laura no cumplía con los plazos, llegaba tarde a las reuniones y redirigía el trabajo para un terreno muy diferente al acordado en un principio.

     

    • Ana no se siente bien, está con muchas náuseas y se siente muy débil. Su marido, Martín, la ve recostada en la cama y de repente decide poner la música a todo volumen, ignorando completamente a su compañera. El individuo pasivo-agresivo puede mostrar indiferencia, hostilidad y castigo hacia la persona que meta-comunica algún comportamiento pasivo-agresivo. Suena como un trabalenguas ; pero es así de real.

       

      Veamos: Si alguien le expone el conflicto, se rehúsa a hablarlo. Lo negará o hará como que no existe. Hay una desconexión entre lo que la persona dice y lo que hace, ya que no verbaliza lo que le molesta; pero sí lo expresa a través del enojo, la hostilidad e indiferencia. El orgullo y el miedo le impiden expresar sus necesidades de manera asertiva.

       

      Suele decir que todo está bien; pero luego hay una discrepancia entre sus palabras y acciones.

       

      Vamos a diferenciar dos estilos diferentes de comunicación pasivo-agresiva:

       

      Por un lado está la comunicación pasivo-agresiva abierta. Son ejemplos: el tratamiento silencioso, el hombro frío y la ley del hielo

       

      Por otro lado la comunicación pasivo-agresiva encubierta. Procastinación. llegadas tarde, cancelaciones de último momento y olvidos recurrentes, son comportamientos más sutiles que generan mucha confusión en el receptor y lo llevan a la pregunta de “¿Estaré siendo muy susceptible?” “¿Seré yo el que está equivocado?”

      Cuando una persona transmite un mensaje en un canal de comunicación; pero en otro dice otra cosa, nos encontramos ante lo que los psicólogos denominamos "dobles mensajes", tema del que hablamos en una columna anterior. El problema aquí es que el receptor no va a saber a qué canal prestarle atención. Posiblemente entre en una disonancia cognitiva, es decir en un estado de confusión y parálisis en el que su cuerpo registra la alarma de la incoherencia e incongruencia.

       

      Es que el doble mensaje es un espacio sembrado en el que el receptor sabe que el emisor está queriendo decir algo, pero el receptor no lo va a poder demostrar, ya que si al manipulador se le dice algo, va a decir que el receptor sobredimensiona, que no tiene sentido del humor y que exagera.

       

      Las personas pasivo agresivas se valen de un estilo de comunicación indirecta, opaca, sucia y perversa.

       

      Por ejemplo: Aunque Fabián le diga a Claudia que le gusta, que le encanta estar con ella, que es increíble y la mejor en la intimidad; simultáneamente le dirá que no sabe lo que quiere y que tampoco sabe si puede tener una relación seria con ella. Claudia intenta justificar su actitud y lo espera; pero está atormentada porque en su interior siente que a él, ella no le importa. Esa sensación se anestesia cuando está con él; pero Fabián aparece y desaparece como un conejo de la galera. Hasta que un día Claudia decide navegar hacia aguas más calmas porque se da cuenta que es ella la que no quiere estar con alguien que duda tanto, ya no le gustan los que dan tantas vueltas ni los que tienen tantos miedos y “escudos”, porque ahora sabe que el amor es sólo para los valientes.